Es triste cómo cambia todo en instante.
Ahora cuando estás al lado la sensación de rabia y amor se entremezclan. No sé si mirarte con mala cara o sonreirte. Tengo las mismas ganas de pegarte que de abrazarte. Pero el roce de tus manos sin querer sigue estremeciéndome y me hace querer acariciarte, que me acaries, acariciarnos. Me contengo y finjo que no cuesta, que es fácil la distancia a centímetros, que oír tu risa no me altera. Quisiera poder tratarte mal o no tratarte bien al menos, ¿por qué es tan jodidamente complicado? Tienes muchos puntos rojos en tu historial de mi vida y aún así, el montón de verdes los aplastan. Te odio, pero te quiero y como también me quiero, he de resistir. Aunque una parte de mí aún quiere que todo se arregle, que todo esté bien. Que no haya que disimular que no pasa nada ante la gente para que no hagan preguntas. Poder tener conversaciones de verdad como las de antes. No, ha habido mucho daño y es muy difícil tapar la herida de golpe, pero es que... puf... maldición, ya apenas recordaba esta sensación. Ven, ven, vamos a luchar, a querernos, a ser libres y verdaderos.
miércoles, 24 de febrero de 2016
Contradicción.
martes, 9 de febrero de 2016
Pensar.
Pensar es algo que últimamente hago mucho, les doy una vuelta y otra, y otra más, siempre a las mismas cosas. Pero no es el pensar de siempre.
Es normal reflexionar sobre el mundo y la vida, es agradable desarrollar pensamientos enrevesados y descubrir resultados inesperados. La mente es maravillosa y disfruto de su funcionamiento.
Estos últimos días sólo pienso en cosas inútiles que no llevan a ninguna conclusión, son juicios inservibles y estoy desperdiciando demasiado valioso tiempo en ellos.
Quizá sea por lo sola que me siento, aunque realmente no lo esté. Está habiendo cambios en mi vida. Sinceramente, mi vida es un continúo cambio. Está llegando gente nueva, y otra está demostrando que no era lo que parecía. Hace daño. Y es ese dolor el que se instala en mi cerebro y lo bloquea.
Una pala y fuera. No me gustan los estorbos.
domingo, 31 de enero de 2016
Abrazos.
Hay abrazos que se echan de menos cuando los pierdes.
Pasa el tiempo, los necesitas.
Ya no hay nada que te riegue, te vas marchitando poco a poco porque te falta el agua que cubría las heridas.
Cuando recuperas esos abrazos, se llena de flores todo tu desierto, crecen por todas partes, las diferentes heridas ya apenas se ven, siguen doliendo, pero el olor ameniza el dolor.
Esos abrazos provocan paz, tranquilidad y serenidad. Te quedarías a vivir en ellos. Deseas que fuesen tu hogar.
Pero no, no puedes. Por eso disfrutas el instante en el que se producen, porque son eso, instantes. Pequeños instantes que sanan largos periodos.
Sientes que en ellos puedes pensar, susurrar y gritar: libertad.
Cierras los ojos y notas tu piel erizada a causa de la suave brisa que atraviesa tu alma.
Te trasladas a la vieja Rusia y sus victorias.
Esos abrazos te fortalecen, con todo puedes, pero soltarle debes.
Ya solo queda procurar no volver a perderlos, a perderle.
viernes, 22 de enero de 2016
Hermana.
domingo, 17 de enero de 2016
Enero gris.
Ha estado lloviendo y me he perdido los bailes en los que las gotas mojan mi pelo, no podía arriesgarme a un resfriado esta vez, no puedo permitírmelo, me necesito al máximo. En uno de mis descansos me di el lujo de estar pisando charcos con mis botas de agua.
¡Y aún quedan semanas! Espero que termine mejor de lo que ha empezado y que en febrero no me lleve el viento, o sí, sería bonito volar con su susurro.
¿Qué mejor que escaparnos después de este colapso mental? Huir de las broncas y de las preguntas que no queremos responder...
Habrá que ser responsable y no darle la espalda a la realidad, ¿no?
Hay que enfrentarse a las dificultades con la mayor disposición posible y superarlas. Mejor no tomarlas muy a pecho o nos dañarán tanto como las palabras de ciertas personas, esas que hacen que te cruja el alma y se quiebre. Y si pasa, un poco de 'loc tite' y listo.
Tardará en secar, pero lo hará, o al menos confío en ello.
Si veo que tarda mucho, me ayudaré con el secador porque paciencia tengo poca y escocer, escuece un rato.
Ay, ¡qué peligrosas las palabras! Están más afiladas que una espada japonesa, además las clavan en el momento más inesperado.
Una guerra de palabras y no de armas es lo que hace falta, más escuchar y razonar y menos matar.
Si estuviéramos prestos a entendernos con palabras, el mundo funcionaría mucho mejor.
Que sí, que ya me pongo a estudiar, lengua me está estresando una 'miaja'.
Calles, parques, campos, amigxs, pronto me tendréis con vosotrxs.
sábado, 16 de enero de 2016
Saco la lengua.
Un mundo lleno de guerras, de políticos hipócritas y lxs que defienden su hipocresía, de gente que pasa hambre y que no puede tener una educación en la que aprender de verdad, de gente que pasa frío porque no tiene donde refugiarse, de gente que es rechazadas por quienes son.
Un mundo de ambición, egoísmo y maldad.
Un mundo en el que ver una teta, un pene, un culo, una compresa asusta pero ver un arma no.
Un mundo en el que el amor se ha convertido en dependencia, en romanticismo, en falso amor.
Un mundo en el que la libertad no existe y en el que tengo unos cubitos por pies que no me dejan dormir.
Mi lengua pide un nuevo mundo, uno que funcione de verdad, en el que todxs puedan trabajar, estudiar... en el que se comparta y no exista la riqueza ni la pobreza, en el que nadie sea superior a otrx... en el que "no tengamos que pedir perdón si nos pillan follando". Un mundo de iguales y libres.
Qué preciosa utopía, a estas horas ya estoy empezando a soñar...
viernes, 15 de enero de 2016
Revolución y orgullo.
Me di cuenta de que fingir costaba cada vez menos, ya apenas me esforzaba.
Verle luchar me inspiraba para luchar más fuerte.
Ya no fingía.
¿Y ahora qué hago yo? Seguiré luchando, mi voz sonará tan alto que, no oirás un simple grito, admirarás la guerrera en la que me habré convertido.
Mientras yo esté derramando lágrimas escondida por ti, tú te arrepentirás de mi humillación.
Eres imbécil, imbécil.
Teníamos que estar juntos en el frente de la batalla, pero has preferido escupirme y cambiar de sitio.
No importa, sé apañármelas sola.